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La violencia invisible – Entrevista con Mariano Luque, director de “Salsipuedes”

Mariano Luque, el cineasta cordobés de sólo 25 años, subió a un avión por primera vez en mayo de 2011, con destino a Cannes. Acompañaba a su medio metraje Salsipuedes, a ser exhibido en la muestra de la Cinéfondation. Como película en construcción, Salsipuedes ya había circulado por el Festival Nacional de Cine y Vídeo Río Negro Proyecta, el Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse y el Buenos Aires Lab, en el último BAFICI. Tras el pasaje por Cannes, el debut de Luque se transformó en un largo, formó parte de la prestigiosa sección Forum en Berlín para finalmente llegar a Buenos Aires.

En Salsipuedes, Rafael y su esposa Carmen -o Tutuca, como él la llama tiernamente– descansan en un camping. Si bien les tocaron días hermosos, ellos nunca están cómodos, incomodidad que se transfiere a los espectadores. Cierta violencia atraviesa los diálogos, cierta tensión atraviesa la atmósfera, pero ya todos han aprendido a disimular el fastidio generado por tales situaciones. Carmen se encuentra atrapada sin posibilidad de salida: están el marido, que extravasa una violencia invisible; la complicidad de familiares que han naturalizado las frases y gestos agresivos; el bosque, que al ocupar toda la extensión del cinemascope, termina acentuando su prisión.

El tema de la violencia está en el centro de la película. ¿Cuál fue tu punto de partida y por qué elegiste trabajar con esa cuestión?

No elegí el tema de antemano. Empecé a escribir escenas aleatoriamente, en especial a partir de imágenes y situaciones que  había visto, y fue tomando forma naturalmente. Trabajo mucho los rasgos de personas que conozco, mezclando la personalidad y las anécdotas de familiares, amigos, padres de amigos. Cuando descubrí que la historia iba a seguir ese camino, no quise profundizar en el tema pero sí mantener sus orígenes, muy basados en el sentido común, impresiones personales, mi entorno, mi vida.

Los diálogos son el alma de la película, en los cuales se hace palpable toda la dimensión violenta que acecha la relación de los protagonistas…

Los diálogos encierran un cariño falso. La violencia está escondida en la forma, como si eso amenizara la crueldad del contenido. En Córdoba, la gente recurre mucho al humor para al final agredir, por lo que me pareció muy interesante explorar cómo el lenguaje se vuelve rebuscado para disfrazar situaciones de este tipo.

Además, el trabajo con todo el sonido de la película tiene una dimensión muy importante. ¿Cómo se elaboró eso?

Me interesaba que el sonido no solamente acompañara la narrativa sino que le agregara una superficie diferente. Hay un cruce entre la imitación del entorno de la naturaleza y el ánimo del personaje de Carmen, a la vez que se presta especial atención al fuera de campo de manera de incrementar la tensión y estimular la imaginación del público. Mi trabajo con el guión es muy extenso y me gusta hacer storyboards, que sirven para organizar las ideas, sintetizar los planos, lo que es  fundamental para cultivar el poder sugerente del sonido. Los dibujos también me ayudan a realizar muy pocas tomas, lo cual es una especie de premisa o juego que me atrae.

(Fue publicada una versión reducida de esta entrevista el 17 de abril del 2012 en Sin Aliento, el diario del BAFICI – Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente)

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